Imagine que está usted al cargo de la administración en una gran empresa. Un día cualquiera, mientras trabaja sus hojas de cálculo en el ordenador, suena el teléfono… Y en esta ocasión no es una llamada de rutina. Alguien, al otro lado de la línea, se identifica como abogado de una firma de prestigio y le anuncia que su compañía está a punto de embarcarse en una operación confidencial muy importante en la que va a invertir una considerable suma de dinero.
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