En el complejo mapa político-tecnológico actual, China gana la batalla del 5G y de la inteligencia artificial, EEUU (Silicon Valley) mantiene la hegemonía de las grandes plataformas digitales, Singapur gana posiciones como nodo internacional alternativo, mientras que Latinoamérica y África se centran en reducir sus brechas digitales para impulsar la inclusión financiera, en el primer caso, y el florecimiento de una economía básica mobile, en el segundo. ¿Y Europa?

El viejo continente está decidido a jugar la baza del humanismo tecnológico: un desarrollo tecnológico que vela por los derechos de los ciudadanos. A largo plazo, Bruselas confía en que este enfoque ayude a mantener a raya los efectos más lesivos de la digitalización.

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