La transformación digital de las administraciones públicas ha sido vendida como el «Monte del Olimpo» de las ciudades. Las oportunidades que proporciona una smart city son, ciertamente, infinitas. Innumerables chips y sensores que permiten localizar objetos y desplazar a vehículos, medir todo lo medible, la polución, el comercio, el ocio o las transacciones, pero también las densidades, los flujos y los intercambios.

Un paraíso definido por Fabien Eychenne como la ville 2.0 complexe et familière. Inclusive el ambicioso plan de reconstrucción económica de la Comisión Europea, el Next Generation European Union, que supone doblar el presupuesto de la Unión, reduce a dos las prioridades estratégicas y económicas de los 27 para la próxima década: el Green New Deal y la transformación digital.

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