Hasta hace pocos años, la inteligencia (al igual que la contrainteligencia), era una disciplina principalmente aplicada a los Estados. Sin embargo, en la actualidad, en un mundo definido por la línea cada vez más difusa que separa el poder del Estado, empiezan a tener mucha relevancia grandes empresas que empiezan a tener más recursos, activos e influencia en la mayoría de Estados.

La contrainteligencia, en muchos contextos, puede ser sinónimo de «contraespionaje», ya que una de sus principales misiones es «evitar el espionaje contra la propia organización».

Pero si queremos encontrar una definición, se considera el conjunto de actividades cuyo objetivo es evitar que los servicios de inteligencia externos (ya sean de otros países o de otras empresas, en este caso) adquieran información relevante sobre aspectos esenciales del funcionamiento o la estructura de un Estado o empresa. Especialmente acerca de sus estrategias, planes, procedimientos, recursos, activos o personas clave.

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